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Todos los días estalla en Colombia un escándalo por actos de corrupción  de los cuales son actores  los más encopetados servidores públicos.

Son ellos, los llamados honorables delincuentes o delincuentes de cuello blanco.

Incurren en actos punibles con toda desfachatez, en la creencia de que no les pasará nada, y en muchos casos es así. Es un problema devastador que no se puede seguir consintiendo.

Son altos los niveles de degradación que ello genera.

Peor que el mismo conflicto armado.  Y no es correctivo rasgarse las vestiduras después de consumados los asaltos.

Hay que prevenir y, además, actuar en caliente, a fin de meter en cintura a los delincuentes y evitar la repetición de sus fechorías. Es una batalla que hay que ganar, como la de la paz, con la  cual  todos  debemos comprometernos.

Por Cicerón Flórez Moya

 

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