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Partidos políticos y movimientos ciudadanos ya inscribieron sus candidatos al Congreso para el período 2018-2022.

La elección de senadores y representantes a la Cámara será en marzo de 2018.

Se llega a ese ejercicio de la llamada democracia bajo condiciones no siempre positivas, pues sobre no pocos de los aspirantes a las curules parlamentarias pesan acusaciones y descalificaciones que los ponen en el ojo de la tormenta y los deja en precaria situación.

Dado que el Congreso, en sus dos Cámaras, es una institución llamada a garantizar la democracia y el mejor funcionamiento del Estado para el cumplimiento de sus fines, debe estar integrado por personas con capacidad de entender las funciones que son de su competencia y asumirlas con lucidez y rigor ético.

Al Congreso deben llegar colombianos de la mejor formación intelectual, con el mayor conocimiento de los problemas de la nación y propuestas para las soluciones esperadas. Allí deben estar los dirigentes más idóneos, más trasparentes y confiables. Aunque es un recinto de pluralidad de pensamiento, en el cual caben todos los matices de opinión, lo deseable es que estén quienes interpretan con acierto las salidas que con prioridad requiere Colombia para atender necesidades insatisfechas crónicas. No es ese el lugar de embaucadores, o de encantadores de serpientes, o de audaces politiqueros o traficantes de negocios hechos a la medida de la picardía.

El fortalecimiento de la democracia requiere un Congreso que debata con autonomía todos los asuntos fundamentales de la nación y proponga soluciones efectivas a los problemas que oprimen a la mayoría de la población.

Un Congreso que no le haga favores a quienes manejan los hilos de la corrupción y no se preste a las componendas para privilegios aberrantes. Un Congreso que apoye la consolidación de los acuerdos de paz y no le haga el juego a guerreristas empeñados en un revanchismo de aniquilamiento y fuente generadora de más víctimas.

Es entendible que en el Congreso haya representación de todas las vertientes partidistas y de las corrientes ideológicas. Pero otra cosa es que se le utilice de trampolín para maniobras en perjuicio del interés nacional.

El voto de los ciudadanos para elegir congresistas debe responder a los ideales democráticos, a la decencia en el ejercicio político.  Así se evitarán riesgos que pueden convertirse en troneras de desestabilización.

El Congreso debe ser el escenario desde el cual se anime el optimismo de los colombianos, pero con decisiones que correspondan al interés general. Por eso sobran los caciques de viejo cuño y los agazapados predicadores de mentiras destinadas a infundir pánico y distorsión.

Pero un buen Congreso depende del acierto de los electores. Por eso hay que votar por quienes dignifiquen la función del legislador.  

Por Cicerón Flórez Moya