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A medida que el clima continúe calentándose, los agricultores de todo el mundo podrán sufrir pérdidas de cosechas sustancialmente mayores debido a las crecientes poblaciones de plagas de insectos voraces, particularmente en las regiones templadas, donde se cultiva la mayor parte del grano del mundo, sugieren los investigadores.

Este nuevo estudio evalúa las relaciones entre temperatura e insectos para predecir el impacto del crecimiento de las poblaciones de insectos en los futuros rendimientos de maíz, arroz y trigo, principales cultivos básicos, que combinados representan una gran parte de los alimentos consumidos a nivel mundial.

"Rara vez se ha intentado vincular las respuestas a la temperatura de los insectos plaga y el daño que causan en un contexto de calentamiento más amplio, y nunca a escala global", escribe Markus Riegler en un artículo de Perspective relacionado. Las investigaciones anteriores han demostrado que la tasa metabólica de un insecto (incluida la tasa de consumo de alimentos) y la tasa de crecimiento de la población aumentan con la temperatura.

Sin embargo, si bien es probable que el aumento de las temperaturas reduzca los rendimientos globales de los cultivos en general, las evaluaciones de los efectos agrícolas del cambio climático rara vez abordan las pérdidas de cultivos debidas a los insectos.

En esta ocasión, Curtis Deutsch y sus colegas desarrollaron un modelo de rendimiento de cultivo que incorporaba las respuestas biológicas de una serie de especies de insectos, incluidas las plagas, que se calibró utilizando datos globales de cultivos y clima para distintos escenarios de calentamiento.

Sus resultados sugieren que las pérdidas globales de rendimiento para los principales cultivos evaluados aumentarán de un 10 a un 25 % por cada grado de calentamiento global de la superficie, produciéndose las disminuciones más significativas en muchas de las áreas agrícolas más productivas del mundo, como Estados Unidos, Francia y China. De acuerdo con Deutsch et al., los hallazgos subrayan la necesidad de que los agricultores se preparen para la creciente presión de los insectos, lo que puede implicar un mayor uso de plaguicidas a pesar del daño potencial para la salud o el medio ambiente a fin de mitigar el impacto sobre el ya frágil suministro mundial de alimentos.

Fuente: AAAS