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Tras la diabetes, que ocupa el primer lugar, los problemas mentales ocupan el mayor número de enfermos en la actualidad, son de facto la gran epidemia que sufren los países desarrollados en el siglo XXI, ya que afecta a uno de cada seis adultos cada año. Muchos de ellos, además, ni siquiera son diagnosticados ni tratados, viviendo durante toda su vida con un problema que no les deja desarrollarse plenamente sin ser consciente de ello.

Tanto la incidencia de estos trastornos como su duración en el tiempo aumenta durante los periodos de crisis, y es en esos momentos, cuando la ayuda es más necesaria que nunca debido a las dificultades a las que debe enfrentarse el ciudadano de a pie, cuando los gobiernos y otros organismos tienen a bien reducir la financiación para los colectivos que necesitan ayuda.

Las comunidades más desfavorecidas son las que se ven más expuestas a padecer una enfermedad mental no tratada, ya que aquel que cuenta con recursos económicos suficientes acude a tratar sus problemas de ansiedad y depresión antes de que se agraven, siendo dos de los trastornos más comunes debidos, principalmente, al estrés, el ritmo de vida acelerado, la crisis económica y los problemas familiares, lo que produce a su vez un aumento constante en la tasa de matrimonios que acaban en divorcio, en muchos casos con hijos en común, lo que acentúa las consecuencias y alarga el periodo de duelo y superación, retroalimentándose una rueda que se hace cada vez más complicado de detener.

 

La agorafobia

La agorafobia es uno de esos trastornos que aparecen en muchas ocasiones a partir de una ansiedad u otro trastorno psicológico que no ha sido tratado correctamente y que se define como un temor obsesivo a los espacios abiertos y que puede convertir a cualquier persona en un enfermo que no puede vivir con normalidad, encerrándose en un entorno que conoce y domina evitando toda experiencia que le saque de ese ambiente que considera seguro.

La agorafobia es un trastorno psicológico que, como hemos señalado,  está íntimamente unido a los ataques de ansiedad. Aunque es cierto que puede existir agorafobia sin que se hayan presentado síntomas de ansiedad, lo más frecuente es que ambas enfermedades vayan de la mano.

Hay determinadas personas que por su personalidad son más susceptibles a sufrir problemas de agorafobia. Entre otras cosas, son individuos que viven como un hecho muy vergonzoso el sufrir algún problema de problema psicológico y con miedo a lo desconocido, a las sensaciones nuevas, ya que necesitan mantener el control en todo momento.

También se da una mayor incidencia en personas que han sufrido algún tipo de experiencia traumática y es mucho más frecuente en personas de carácter introvertido en sus relaciones sociales y en aquellos que tuvieron al menos a uno de sus dos progenitores con un carácter sobreprotector.